El Blog dedicado a Valderas


Este Blog nace como rincón de la historia y la poesía valderense.

Un cordial saludo de
CESIDIO BLANCO GONZÁLEZ
-Escritor, Rapsoda y poeta valderense-

¡Bienvenido amable visitante!

domingo, 22 de octubre de 2017

Valderas - "El Molino"

El Río Cea  a su paso por el yacimiento arqueológico de "los Villares".

En el término municipal de la ancestral Villa sur leonesa de Valderas, colindante con Tierra de Campos en las provincias de Valladolid y Zamora, bañada por las riberas bajas del río Cea, documentados por arqueólogos e historiadores existen numerosos yacimientos arqueológicos que se hunden en la noche de los tiempos como restos de antiguas culturas: de los primeros homínidos del paleolítico y sus diferentes etapas, del bronce, del hierro, y de asentamientos celtas de la etnia Vaccea coincidente con la invasión Romana en la península Ibérica. Estos restos de civilizaciones, han sido datados por arqueólogos en los siglos anteriores y posteriores al inicio de la era cristiana.
Los yacimientos ubicados en estos parajes, en su mayoría fueron hallados por el profesor arqueólogo, investigador, y rector del Seminario Carmelita de la villa de Valderas, entre los años 1927 y 1940, Don Eugenio Merino Movilla, en pleno apogeo cultural y comarcal de nuestra Villa. Él, ayudado por sus alumnos, tirando de pico y pala, realizó importantes prospecciones y catas en diversos lugares del término agrario valderense, dando como resultado un referente histórico conocido como: "Colección arqueológica Don Eugenio Merino de Tierra de Campos", tratado éste muy apreciado por profesores, arqueólogos, estudiosos y eruditos, sentando cátedra como base de consulta. Sobre la citada colección, realizó su tesis doctoral el eminente arqueólogo y profesor de la Universidad de Valladolid don Germán Delibes de Castro.
 Profundizando en lo referente al lugar del Molino de Valderas, que es uno de los más importantes parajes con abundantes restos arqueológicos que muestran la existencia de una villa romana en el lugar mesetario conocido como "Los Villares" (o las Neblinas, que dicen los agricultores refiriéndose a sus tierras de labor allí ubicadas),  que ocupa una extensión aproximada de diez hectáreas de terreno laborable, asentada sobre unos tesos que conforman un altiplano balcón, como defensa natural entre 15 y 20 metros de altura sobre el río Cea en su   margen izquierda.
Este lugar, "Los Villares", aún está sin excavar ni explorar, y por los restos que se ven en superficie, sin lugar a dudas era un asentamiento romano (tal vez residencial o parada de postas, pero ello no se sabrá hasta que no se abra la excavación). Pudiera ser de postas por hallarse en el camino de una antigua calzada romana que unía Cesar Augusta (hoy Zaragoza) con Astúrica Augusta (hoy Astorga, cabecera de la famosa y oriental peninsular Vía de la Plata). Es notorio que la citada vía, venía desde Becilla de Valderaduey por Launión de Campos hasta Valderas, y continuaba hasta Villamañán e iba hasta Astorga.
El ya citado eminente profesor y arqueólogo don Eugenio Merino Movilla, ayudado por sus alumnos, realizó una excavación en este lugar abriendo una zanja en forma de cruz de unos 45 metros de larga, 1,5 de ancha, y 1 metro de profundidad. Don Eugenio nos dice que, lo primero que afloró fueron restos de una necrópolis, y luego numerosos restos romanos y vacceos. Todo ello lo detalló en un largo escrito, que fue remitido a la Real Academia Española de la Historia, y publicado en su Boletín Oficial el día 21 de Septiembre de 1921, con el título:"Memoria-Histórico arqueológica de los Villares de Valderas (León)".

  Lo expuesto con antelación como necesario preámbulo, es al objeto de dejar constancia de la gran importancia arqueológica de este lugar, que junto con otros del municipio de Valderas, está registrado en el inventario arqueológico de la Junta de Castilla y León, con fecha 27 de febrero del año 2007 (ver foto).


El dicho asentamiento arqueológico de "los Villares" limita al norte con el río Cea, y tiene una vía en rampa descendente como salida y entrada de la ciudad hacia el río Cea, del que se surtía de agua. Al no existir otro acuífero de suministro en el altiplano y lugar de las casas, los habitantes tomaban el agua del canal de río, cuyo cauce discurre próximo a los tesos que, como barrera natural servían de protección a las casas contra las riadas, por ello, es muy importante apuntar que este ramal del río formaba conjunto y parte del entorno de la Villa romana, porque el cauce era el foso defensivo de la ciudad, considerando también que esta orilla del Cea va pegada a la calzada romana, recientemente descubierta hace pocos años al trazar el camino de la concentración parcelaria. Caminando por el lugar, personalmente pude comprobar que una máquina pesada, rasgó el linderón para hacer la cuneta del camino y dejó al descubierto una hilera-base de losas de piedra, que en mi opinión, es el fiel testigo de la calzada romana que discurre entre el río y bajo los tesos, calzada que hace muchos años se está buscando porque no se sabía exactamente por donde iba. 

Esta vía fluvial que aún discurre lamiendo los tesos y sirviendo de foso defensivo a la ciudad romana de Los Villares, desde los primero siglos del primer milenio arrancó desde la presa que hoy conocemos como el azud del Molino, donde el río Cea abandona la mansa llanura de la vega para arrimarse a los tesos que le canalizan, y así, espejando alturas y alamedas pasa también junto al paraje de la fuente del Caño Teja, para seguir caminando mansamente bajo las atalayas del Castillo hasta cruzar el ojo del puente de hierro, donde comienza de nuevo a caminar por un cauce-canal que rasga la llanura de vega hasta el teso de Trasderrey, en cuyos tesos también aflora un yacimiento arqueológico de fábrica de herramientas del Paleolítico. Allí, don Eugenio merino halló más de 100 hachas de la Edad de Piedra.
Hoy, por desgracia, ya es un hecho en Valderas, que la presa-azud del Molino que encauzaba el agua hacia este foso defensivo de la viaja ciudad romana de Los Villares, ha sido destruida en este mes de Octubre de 2017.
Por causa de tan descabellada e incomprensible acción,  han alterado gravemente la historia arqueológica de Valderas: ¡Nuestra Historia Señores! que se ve gravemente dañada por decisiones de personas no nacidas en Valderas, que no han tenido cuenta ni reparo, en dañar la misma estructura defensiva de la Ciudad Romana de "Los Villares", que aún no ha sido excavada ni estudiada como Valderas merece.
Valderenses:¡Paremos esto! Es nuestra historia.

Nota final:
 La situación de este canal bajo la ciudad de los Villares, y puesto que como ejemplo tememos muchos lugares en España en que los romanos construyeron presas y viaductos como fosos defensivos (valga como fiel testigo la ciudad de los Brivecinos, la famosa Brigeco, que albergó los campamentos de invierno del Tribuno Carisio, cuyo nombre figura en la Cosmografía del Mundo Conocido del Claudio Ptolomeo y en el famoso código Ravenate. La dicha ciudad romana se encuentra cerca de "Los Villares", por tanto próxima a Valderas, en el lugar donde el río Cea desemboca en el Esla cerca de Benavente, en Morales de las Cuevas. Es notorio que La Brigeco tiene a los dos ríos como defensas naturales, y la ciudad está situada a cuarenta metros de altura sobre los cerros que abrazan ambos ríos".  Por tanto, para suministrar de agua a sus ciudades, aunque no existe documentación al respecto, es muy posible que esta nuestra presa fuera originalmente construida por los romanos para alimentar el canal, y, que este canal, con el paso de los siglos, ya en tiempos medievales fuese aprovechado para hacer en él un Molino, que hoy da nombre a tan bello paraje natural. Mas, como no existe documentación en tal sentido, debemos ceñirnos a lo que arqueo-lógicamente vemos en el lugar, explicado con antelación.
Espero que todo esto sirva, para que no se destruya nuestro patrimonio, y para que se respete tan bello lugar natural de encuentro y disfrute de los valderenses.
 Para finalizar, desde este Blog de historia de Valderas, vaya todo mi agradecimiento a cuantos valderenses están haciendo lo posible por impedir su detracción. A todos ellos, les dedico este poema, que fue publicado en la pág. 27 de mi libro, titulado: "Valderas -Rimas y Honores" 2010.


                                           El molino

Un murmullo del agua refrescante,
melodía es de plata iluminada,
y la brisa en aromas perfumada
menea la alameda dulcemente.

Y al dormirse la tarde en el poniente,
hay reflejos de rosas coloradas,
colgadas del abismo deslumbradas,
por haces de colores relucientes.

Es tan dulce y hermoso aquel ambiente,
de aquel bello lugar casi divino,
que sosiega el espíritu y la mente.

Hay espumas radiantes sonrientes,
y el efluvio de vida es palpitante,
donde el Cea reluce en su camino.

¡Dulcísimo soñar es el Molino!

Valderense : Cesidio Blanco González 

sábado, 8 de abril de 2017


            El dio 7 del pasado mes de Marzo falleció en León Don Enrique García Centeno, Ilustre y querido Párroco de la iglesia del Mercado de la capital leonesa. Era un hombre de Dios, muy querido por cuantos le rodeaban, también fue Delegado Episcopal en la Junta Mayor de Semana Santa de León, y Consiliario de las cofradías de Nuestra Señora de las Angustias y Soledad, y del Dulce Nombre de Jesús Nazareno.
           Él nació el Valderas donde se le ha rendido sentido homenaje póstumo, y  en esta Semana Santa le echaremos de menos.  En honor a nuestro querido Sacerdote y Párroco, siendo también  mi villa natal, mi Musa ha rimado para Él unos versos con el deseo de que sean una sentida oración en su memoria y recuerdo.


       Desgarrada en dolor desconocido
llorando está a mi musa con desvelo:
¿por qué gimes con tanto desconsuelo?
le dije preocupado y compungido.

         Sintiéndome en su pena sumergido,
ella tornó el silencio en voz de anhelo,
diciéndome con lágrimas de duelo:
¡Don Enrique, esta noche ha fallecido!

        Cien ángeles al cielo le han llevado,
y hay un lucero nuevo ya encendido
brillando en la parroquia del Mercado.

        Cual oblación de amor santo y callado,
pronunció el "Dulce Nombre Nazareno",
resbaló el crucifijo de su mano,
y don Enrique García Centeno,
emprendió su camino hacia el Amado.
   
 _______________________________
Descanse en Paz Don Enrique.

  Valderas, 7  Marzo de 2017
  -Cesidio Blanco González
   

miércoles, 1 de febrero de 2017

Leyenda valderense

       La devoción a San Tirso está extendida por toda España, muy especialmente en la provincia de León. Es Patrono de Villafranca del Bierzo y de muchos otros pueblos leoneses, su  fiesta se celebra el día 28 del mes de Enero.
         En la primera mitad del siglo III, Tirso era un fornido atleta cuyo oficio era la vida del circo. En aquel tiempo gobernaba en Cesárea de Bitinfa un tal Cambricio, acérrimo perseguidor de cristianos, quien había detenido y ordenado degollar a un valiente cristiano llamado Leucio, por ello, Tirso se enfrentó al gobernador exhortándole a que no se derramara más sangre inocente en nombre lo de los dioses falsos a los que adoraba. 
         La amonestación o reproche de Tirso  sorprendió mucho al gobernador, pues sabía que Tirso siempre había sido pagano.

         Con valentía, Tirso dijo a Cambricio que era cristiano, y, si era preciso moriría en defensa de la verdad. El Soberano le mandó detener y le sometió a diversas torturas, entre ellas, con el fin de descuartizarle, ordenó que dos corpulentos esbirros que le serrasen por la mitad. 


        Tirso, con ayuda divina, ante la gran sorpresa de Cambricio salió ileso de todos los tormentos.
          El Santo murió alabando a Dios  en la segunda mitad del siglo III, y su imagen la tenemos en Valderas por partida doble, de ahí arranca la leyenda de “Los Tirsos”. Una de las imágenes está en la antiquísima ermita de Otero que, como sabemos era lugar de culto de un pueblo  (pequeño grupo de casas) próximo a  este enclave. La otra imagen podemos verla en la iglesia de Santa María, en el altar situado a la derecha del altar mayor.
    La vieja leyenda nos cuenta que en la noche del 28 de Enero ambos tirsos salen de sus moradas y se citan en la Altafría, donde, no se sabe porque razón, tienen una gran pelea; tal vez por la territorialidad de Valderas, ya que uno está en Otero y el otro en el corazón de la Villa, o sabrá Dios por que causa. También se dice que la noche en cuestión algunos hombres del pueblo suben a separarles, y, quien es osado de  meterse en medio recibe lo que no está escrito, pues le arrean estacazos y golpes los dos tirsos a la vez, uno por cada lado. Dicen en Valderas que un paisano que intentó separarles, los tirsos le dieron palos al unísono, y él gritaba:¡Por Dios Tirsicos! ¡No me peguéis más! 


               En las primeras horas de la madrugada del día 29 de Enero, tras la intempestiva noche de reyerta, al rayar el día suben las mujeres a la Altafría a comprobar si ha habido sangre en la pelea, y revisan las inmediaciones  de la piedra (altar) que allí hay desde tiempos ancestrales. Los valderenses sabemos que en el mes de mayo en ésta piedra (altar), descansa la imagen de la Virgen del Socorro cuando en Pentecostés sube a la Altafría a bendecir las cosechas. Hay quien afirma que, si la piedra no está manchada de sangre la manchan ellas, las mujeres, la salpican con sangre traída del matadero o de algún conejo, gallina o animal menor que han sacrificado. Cuando esto ocurre, lógicamente los Tirsos ya no están allí, pues como cuenta la historia, el Santo salió ileso de todos los ataques y tormentos.
          Las mujeres que en la madrugada del día 29 suben a la Altafría, por los signos meteorológicos dicen saber quién ha ganado la pelea. Si el día amanece claro el vencedor es el de la ermita de Otero, y, si es gris, la victoria es del de la villa Valderas.
               Si el Santo Tirso pudiera hablarnos, tal vez nos contase qué ocurre de verdad en la madrugada de ésta mágica noche de su fiesta, y de quien es la sangre allí derramada. Entre tanto, sólo nos queda la misteriosa leyenda.

domingo, 19 de octubre de 2014

"Beatriz y la Loba"

"Homenaje a una gran Escritora"

Título: "Beatriz y la Loba"

Autora: Concha López Llamas

Editorial: Bohodón Ediciones

Formato: Rústica con solapa        -   334  páginas


         Los días 6 al 8 de agosto del año en curso, en la XV Feria del Libro de la Villa zamorana de Benavente presentaron sus obras numerosos autores.
           El acto de apertura y pregón fue a cargo del prestigioso y consagrado poeta don Jesús Hilario Tundidor, con asistencia de destacadas autoridades, como el Excmo. Sr. Presidente de la Diputación de Zamora y el Ilmo. Sr. Alcalde de Benavente, entre otros.
           Finalizada la disertación inicial del poeta que abrió el acto, que fue magnífica, por riguroso turno de programación comenzó la presentación de libros, y escritores y poetas deleitaron al público asistente con lo más granado, hermoso y destacable de sus literarios trabajos, entre los que tuve el honor de presentar  tres de mis obras dedicadas a la Villa leonesa de Valderas, dos de historia medieval de los siglos XII y XIV, y un libro de poemas.
          En la tarde del viernes día 8 de agosto, cuando me hallaba esperando turno para presentar el último de mis libros y quedaban muy pocos expositores para finalizar las jornadas literarias, tuve la grata sorpresa de presenciar la presentación del libro titulado: "Beatriz y la Loba", que realizó su autora doña Concha López Llamas.


           Tras escuchar a más de treinta autores, en el transcurso de la magnífica exposición de doña Concha, muchos de los presentes nos dimos cuenta de que estábamos ante una obra muy interesante y especial, y particularmente disfruté como nunca la sorprendente y maravillosa disertación de doña Concha, y, como todo lo bueno, me supo a poco. Cuando finalizó adquirí allí mismo el libro "Beatriz y la Loba"; con la ilusión de sumergirme en sus páginas y la intención de que me fuera dedicada y firmada por su autora.
        Durante las vacaciones del verano he disfrutado de esta novela, y digo disfrutado, porque para todos aquellos que amamos la naturaleza salvaje,  podemos afirmar que es una obra realmente maravillosa.

         Sus pulcros y bellísimos relatos me han sumergido en las incomparables frescas madrugadas de los frondosos bosques de la comarca zamorana de la Carballeda y de Rionegro del Puente, contemplando, sintiendo muy cerca, y bebiendo sorbo a sorbo la incomparable belleza de la madre naturaleza con la intrigante ambarina mirada y la astucia del lobo ibérico, corazón fuerte y libre que cabalga gargantas boscosas de las sierras y las llanuras esteparias en la frías noches de la luna, siempre luchando por su supervivencia y defendiendo los territorios que habita desde prehistóricos siglos, que los humanos le niegan invadiendo su vida y hábitat natural.
           En los párrafos y capítulos de esta magnífica obra se percibe el perfume glorioso de una autora de excepcional sensibilidad que relata sus vivencias en prosa poética, con sublime sentimiento de amor por la naturaleza salvaje a la que ama profundamente desde el fondo del alma, por ser parte de su misma naturaleza salvaje y libre, por ello, este libro es un bellísimo cuadro pintado con pinceles y colores de palabras magistralmente expresadas, de belleza y sentimientos encontrados en el amor de una joven esposa  (Beatriz), quien a pesar de dar lo mejor de sí misma, por inesperados avatares de la vida se ve obligada a enfrentarse a un ambiente de sufrimiento enrarecido en su nuevo hogar. Tratando de liberarse instintivamente, intenta volar como una paloma sobre ríos y bosques para escapar y salir de sí misma, soñando la libertad que intuye en la manada de lobos que viven cerca, al amparo de las frondas boscosas que los cobijan y alimentan.


       Comienzas a leer, y te engancha de tal forma, que buscas cada momento libre del día para seguir y seguir tratando de adivinar un final que intuyes cada vez más interesante. Y, ciertamente lo es, pero como Vds. comprenderán yo no lo debo descubrir, aunque sí asegurar que es lo mejor.

      Señores, con todo aprecio, respeto, y agradecimiento, me descubro ante doña Concha López LLamas, y con admiración la FELICITO por este magnífico regalo henchido de talento y gran amor a la madre naturaleza, y en particular al Lobo Ibérico que puebla nuestros bosques y sobrevive con corazón fuerte y guerrero, luchador infatigable, maltratado e incomprendido, que también es ejemplo de ternura en la cría de sus lobeznos y en la defensa de su familia lobuna. ¡Ojala que el género humano aprenda la lección que nos brinda el lobo y la naturaleza! 
       
         ¡Que lo disfruten! 


domingo, 1 de junio de 2014

Poema: Las nuevas tecnologías

      En la sociedad moderna
de nueva tecnología,
el ordenador es guía
y el tontón con él alterna.

       Viene a completar la terna
el móvil que noche y día,
es eterna compañía,
con foto, agenda y linterna.

         Mucho en ellos se confía
en nuestra reciente historia
sin cultivar la memoria.

         Son parte de nuestras vidas,
pues si tú el móvil olvidas
volverás a la caverna
y en la oscuridad dormida,
tu existencia está perdida.


                                   
                                   El Facebook

       Iniciando estoy Señores
esta cosa tan divina
donde todo se adivina
con fotos de mil colores.

      Se cultivan mil valores
y hay tintes de alguna inquina,
el muro es la gran cocina
de nuevos expositores.

        Filósofos y doctores,
poetas y soñadores,
con la gente llana opina.

                            El Facebook es cosa fina,
                     que regala la retina,
y a todo el mundo fascina.

            C. Blanco. Glez.      

jueves, 29 de mayo de 2014

Valderenses en las Navas de Tolosa

             En el nuevo relato que ofrezco a mis amables lectores en este Blog de Valderas, con el análisis de los signos heráldicos existentes en nuestra Villa, podremos comprobar la participación de los valderenses en una de las hazañas guerreras más importantes de la historia de España: La gran cruzada de la cristiandad conocida como la batalla de "Las Navas de Tolosa".
                                ______________________________
Es notorio que el rey Alfonso IX de León no participó en la batalla de Las Navas de Tolosa, pero ahondando en los relatos históricos y en los pétreos testigos -labras- de nuestra Villa, hoy podemos afirmar que los caballeros y gentes de armas de Valderas, sí lo hicieron; y, aún más importante, como más adelante veremos, exis­ten datos fiables para afirmar que los valderenses tuvieron mucho que ver en la gran victoria de las tropas de la gran cruzada de cristiandad en la península Ibérica.
  Dicho lo anterior, alguien podrá preguntar: ¿siendo Valderas del Reino de León, cómo es que los valderenses participaron en la contienda y no lo hizo su legítimo Rey?
 La respuesta es clara: pocos años antes del 1.212, en que se luchó en las Navas, Valderas era gobernada por un caballero de noble raíz castellana, y todo indica que era hermano o sobrino don Diego López de Haro (el Bueno), Comandante de las vanguardia del ejército castellano en la citada batalla.
  Cuando la amenaza almohade Miramamolín -conocido por los árabes como "Príncipe de los Creyentes"- se hizo latente en tierras de la Península Ibérica, para enfrentarse a tan numerosa hueste, el rey Alfonso VIII de Castilla solicitó ayuda a los demás reinos de España, y para conseguir la unión de todas las fuerzas cristianas y el apoyo de los cruzados extranjeros de centro Europa, urgió al Papa Inocencio III para que declarase la contienda “Cruzada de la Cristiandad”, quien a su vez ordenó que fuese predicada en todos los púlpitos de Europa, y con amenaza de excomunión pidió a todos los Reyes y Príncipes cristianos que aplazaran sus diferencias a favor de la magna empresa común, prometiendo a su vez, plena remisión de los pecados a cuantos concurrieran en ayuda de la cristiandad, que se hallaba seriamente amenazada, puesto que el llamado príncipe de los Creyentes había jurado abrevar su caballos en Roma, con clara intención de arrasar los reinos cristianos, primero de España, y seguido a todo aquel que se le pusiese delante en Europa.
El rey Alfonso IX de León condicionó su apoyo y asistencia a la batalla solicitando al Castellano Alonfo XIII la devolución de las plazas que le tenía retenidas por incumplimiento del “Tratado de Tordehumos”. Por tanto, Valderas estaba en poder del Rey Castellano y era una de las plazas fronterizas que el leones pedía le fuese devuelta. Como vemos, en aquel tiempo nuestra Villa era de dominio castellano y se hallaba gobernada por un Señor desinado por el Rey de Castilla, y los valderenses, que siempre fueron gurreros por naturaleza como defensores de la frontera del Reino, está claro que en esta ocasión fueron partidarios de seguir la llamada del Papa y a su Señor en apoyo de las tropas de la cristiandad contra el árabe invasor, como también lo fueron cuando entregaron voluntariamente la plaza al ser cercada por Alfonso VIII, con motivo del llamado ataque de los Alfonsos.
El rey Alfonso IX de León, aunque no participó en la contienda, tampoco impidió que acudieran a ella muchos caballeros y gentes de armas de su Reino, entre ellos los de Valderas, que siendo tradicionales defensores de la frontera sur, eran guerreros por naturaleza. Por otra parte, el Monarca leonés tampoco podía impedirlo, puesto que, como ya hemos apuntado, la plaza estaba retenida por el castellano.
Conociendo nuestra historia, he llegado a pensar que los valderenses, ésta no querían perdérsela, pues no ignoraban el peligro que se cernía sobre toda España, incluido el reino de León, ni la llamada del Papa en ayuda de la magna empresa común.
Cierto que cuando el rey Alfonso VIII desde Toledo desplazó su ejército hacia el Sur junto a la estribación norte de Sierra Morena, temía que el de León le quitase por la fuerza las plazas cuya devolución había exigido, pero es notorio que el de monarca leonés no se aprovechó de tal circunstancia, y, como ya he apuntado, tampoco impidió que los caballeros de su reino acudieran en masa en defensa de tan noble causa.
         El día 20 de junio del año 1.212, el ejército cristiano partió desde Toledo camino del Sur. A los cuatro días de marcha avistaron el castillo de Malagón y pronto se lanzaron al asalto. Los defensores ofrecieron entregar el castillo a cambio de que se respetasen sus vidas, a pesar de ello, los ultramontanos -cruzados llegados del otro lao de los Pirineos- herederos de la intolerancia de las cruzadas, pasaron a cuchillo a casi todos los defensores.
          El día 30 de Junio ataca­ron el castillo de Calatrava. Los defensores parlamentaron, y Alfonso VIII para impedir otra degollina como la del castillo de Malagón, a éstos les concedió franquicia para retirarse salvando sus vidas y parte de sus bienes. El acuerdo indignó a los cruzados extranjeros (ultramontanos europeos), que querían saquear la plaza y repetir la carnicería de Malagón. Como el Rey no les consintió semejante atropello, en represalia, la mayoría de ellos se retiraron de la cruzada regresando a sus países de origen, debilitando así gravemente la fuerza cristiana. Los más exaltados querían vengarse del Rey Alfonso VIII y pretendían tomar Toledo que se hallaba desguarnecida, pero finalmente recapacitaron y se conformaron con saquear las juderías de las ciudades que encontraron a su paso.
            Los días 7, 8 y 9 de julio, los cruzados acamparon frente al antiguo castillo cristiano de Salvatierra que estaba en poder de los musulmanes. Allí pasaron revista a las tropas y se prepararon para la batalla. El día 12 de junio llegó el ejército cristiano a las estribaciones de Sierra Morena.
         Entre tanto, las avanzadillas cristianas traían noticias de las posiciones de las huestes de Al-Nasir, el Miramamolín, como ya hemos citado,  para los almohades “Príncipe de los Creyentes”, cuyas huestes estaban a pocos kilómetros al otro lado de las gargantas del Muradal ocupando estratégicas posiciones. El Miramamolín ya había dispuesto tropas en las alturas del desfiladero de la Losa, por donde se vería obligado a pasar el ejército cristiano para cruzar Sierra Morena, pues no se conocía otro paso. En este escabroso lugar los almohades sabían que tenían toda la ventaja, pues con sólo cien hombres apostados en lo alto de las rocas podían destruir todo un ejército que intentase cruzar.
Ante tal coyuntura, está claro que los cristianos estaban en un verdadero apuro, hasta el punto de que Alfonso VIII se reunió con sus estrategas y jefes de mesnadas para encontrar una solución. Algunos opinaban que había que retroceder y buscar otro paso para afrontar el combate desplegando las tropas en campo abierto, como única posibilidad de obtener la victoria, pues no debían ni siquiera intentar cruzar la ratonera del desfiladero de la Losa.


El rey no era partidario de retroceder, pues acertadamente opinaba que se produciría un agotamiento de las tropas, que ya venían cansadas por el desplazamiento desde Toledo y el agobio de los calores del mes de Junio, y lógicamente necesitaban reponer fuerzas para afrontar el combate. Intuía que si se debitaban aún más, el agotamiento podría ser decisivo llegado el momento de la batalla. Por ello, las tropas de la alianza cristiana estaban en un verdadero apuro, y más bien necesitaban un milagro para salir del atolladero.
Intentando solucionar tan difícil situación, el Comandante de la vanguardia don Diego López de Haro, de común acuerdo con el Rey, decidió enviar grupos de pequeñas avanzadillas de hombres de plena con­fianza a buscar algún posible paso entre los altos picos de Sierra Morena; a recorrer los senderos y desfiladeros para ver la posibilidad de encontrar algún desconocido paso que permitiese cruzar el macizo montañoso, y así afrontar la batalla con despliegue de fuerzas ante el enemigo, como estratégicamente se había planeado.
Las avanzadillas debían proceder con sumo cuidado en la difícil misión de encontrar algún camino no vigilado por los almohades, por el que pudiese pasar el ejército cristiano sin ser prematuramente avistado y emboscado. Verdaderamente el cometido era más que difícil, imposible, puesto que los moros estaban al otro lado de los picos y se suponía que tenían vigilados todos los pasos. Se sabe a ciencia cierta que la principal avanzadilla la mandaba el propio hijo de don Diego López, y, por lo que seguidamente veremos, en otra, es seguro que iban algunos valderenses.
   Inesperadamente, como llovido del cielo, el milagro que necesitaban ocurrió. Uno de los grupos destacados en aquellas alturas, se encontró con un pastor llamado Martín Alaja, que aseguraba conocer un angosto y difícil camino no vigilado por los almohades, un atajo por el que podría pasar al otro lado de la cordillera sin ser detectado todo el ejército castellano. La avanzadilla guiada por el pastor Martín Alaja, para asegurarse de que era cierto, lógicamente exploró el camino, comprobando así que a través de los parajes del Puerto del Rey y del conocido como Salto del Fraile, ciertamente se podía cruzar al otro lado.
             Mientras caminaban por los solitarios parajes y veredas que indicaba el pastor Alaja, un caballero avispado se fijó en un importante detalle que indicaba que aquellos pasos no estaban ni habían sido vigilados ni transitados por los almohades. Por considerarlo de suma importancia, el caballero solamente comunicó la observación a su Señor (Don Diego), y éste personalmente al Rey (por lo milagroso del hecho, alguna leyenda pretende que el rústico Martín Alaja era San Isidro).
             Una vez comunicado al Rey la existencia del paso no vigilado, el caballero hizo al Monarca la importante observación, diciéndole, que al explorar la ruta vio al lado del camino los restos de una vaca descuartiza por los lobos, de los que sólo quedaba la cabeza. Los sanguinolentos desgarrados despojos sobre restos óseos indicaban que el descuartizamiento era reciente, por tanto, bien se podía conjeturar que el paso no había sido transitado ni vigilado por nadie, de lo contrario los lobos no abrían estado allí dándose el festín.
             Por aquellos difíciles veredas transitadas por el pastor Martín Alaja, las tropas cristianas pudieron esquivar la emboscada del Miramamolín en el desfiladero de la Losa, y sin que se percataran los almohades, en la madrugada del 15 al 16 de julio de 1.212, cruzaron las escabrosas montañas de Sierra Morena por el Salto del Fraile, y salieron a la explanada de la Mesa del Rey, y desde una ventajosa y levada posición para la inminente batalla, avistaron el grueso del ejército enemigo y se prepararon para el combate.
           En la madrugada del día 16, aún era de noche cuando los cristianos vieron cercanas las hogueras del campamento enemigo, y unos y otros esperaron impacientes el amanecer del día decisivo. Los cruzados se aprestaron a revisar las armas mientras contemplaban el parpadeo de las luces del extenso campo enemigo, y los clérigos se apresuraban a impartir la absolución.
            El catedrático de historia Francisco García Fiz, en “Las Navas de Tolosa” (2003), dice: “En la batalla de Las Navas de Tolosa, por no ir más lejos, la vanguardia del ejército mandada por Diego López de Haro parece nuclearse en torno a su propia milicia, formada por <<consanguíneos, amigos y vasallos suyos>> entre quienes se encontraba su propio hijo, López Díaz de Haro y dos sobrinos suyos, Martín Muñoz y Sancho Fernández, este último hijo de su hermana Urraca López y del rey de León, Fernando II” (Pág. 206). Prosigue aludiendo al Alférez de Diego López de Haro, apellidado Arias: “...el día de la batalla encabezó la vanguardia castellana llevando consigo, entre otras fuerzas, a su hueste señorial, en la que aparecen citados su hijo y heredero –López Díaz- y sus sobrinos Sancho Fernández y Martín Muñoz; aunque las fuentes tardías añaden otros nombres de miembros de su milicia, como su hijo Pedro Díez y su alférez Pedro Arias(Pág. 207).

       El solar del apellido Arias se localiza en León y Galicia, y aquí tenemos a un caballero de los Arias que es Alférez de Don Diego López de Haro, un hombre de guerra de su plena confianza que marchaba a su lado con el hijo y los sobrinos del Comandante de la vanguardia. Ciertamente este dato respecto a Valderas no debemos pasarlo por alto, pues cuando el rústico Martín Alaja indicó la existencia de un paso entre las montañas que podía llevar al ejército cristiano a la Mesa del Rey, al otro lado de la cordillera, para comprobar el paso que indicaba el pastor, como no podía ser de otra forma, en evitación de conducir a todo el ejército a otra ratonera como el desfiladero de la Losa, o, a una fatal emboscada, don Diego envió patrullas de hombres muy cercanos a él y de su plena confianza.
Una vez comprobado por la avanzadilla el paso no vigilado por los almohades, al hombre que reparó en el importante detalle de los restos de una vaca devorada por los lobos junto a la estrecha vereda, de la que sólo quedaba la cabeza, a este Caballero, por su observación y perspicacia en tan importante momento, como premio, timbre y distintivo de honor y de nobleza para su nuevo escudo de armas, recibió del Rey Alfonso VIII “La cabeza de una vaca”, y es notorio, que heraldistas e historiadores coinciden en que la dinastía de los Cabeza de Vaca es oriunda de Valderas.
Lo más curioso de todo esto que llama poderosamente mi atención, es que el emblema de los Cabeza de Vaca está está en Vaderas en la misma casa del linaje de “Los Arias”, que también da nombre a la calle. Los Arias han sido durante muchos siglos una de las familias nobles más destacadas de Valderas, con ilustres personajes que han llevado el renombre de la Villa como: Franciscus Arias de Valderas que –según el Padre Albano- se cita en el prólogo una obra editada en el año 1.533, titulada: “Libellus de Belli Justitia Injustitiae”. Una de las tumbas –losa de piedra- que está en la iglesia de la Virgen del Socorro pertenece a la familia Arias.
               Como podemos apreciar en la siguiente fotografía, en la fachada de la casona señorial de Los Arias está también el escudo de y los “Cabeza de Vaca”. Ciertamente, parece mucho más que una simple coincidencia.


En mi opinión, relacionado con los blasones heráldicos existentes en Valderas, y con el caballero que vio la cabeza del rumiante explorando el paso señalado por el pastor en el Salto del Fraile, por donde el ejército cristiano pudo pasar la cordillera para ir a salir a la Meseta del Rey burlando la embosca del desfiladero de la Losa; quien se fijó en el importante detalle de la vaca devorada por los lobos y por ello fue premiado por el Rey con la cabeza del rumiante como timbre heráldico de su nuevo escudo, fue el caballero de Valderas Don Fernán Ruiz Cabeza de Vaca, primero de su nobleza y linaje, y oriundo de nuestra villa, y todo indica que en esta avanzadilla iba acompañando a Don Pedro Arias de Valderas, Alférez y hombre de confianza del Comandante Don Diego López de Haro. Por tanto, podemos colegir que este escudo de la primera dinastía de los Cabeza de Vaca, es fiel tes­tigo de la participación de los valderenses en la gran cruzada de la cristiandad, y la alusión bibliográfica a los Arias citada en nota anterior, que nos habla de un valiente Alférez de este linaje que luchó contra el moro en una de los puestos más arriesgados de la vanguardia cristiana, al lado de Don Diego (el bueno), viene a certificar el mismo hecho.
Continuando con los testigos que en nuestra Villa existen sobre la participación de valderenses en tan importante batalla, es notorio que el linaje de los López de Haro es un tronco de diferentes ramas, que a su vez derivan en apellidos que van tomando de las ciudades y señoríos que ostentan, entre estas ramas podemos citar noblezas como los Ayala o Avellaneda, solares que aluden a su tronco original colocando lobos en sus armas heráldicas y, como ya hemos comprobado, esta misma alusión a la jerarquía original de los de Haro, aparece también en el escudo bajorrelieve de una tumba hallada en Valderas en agosto del año 2.006 (el citado escudo ya ha sido explicado en ese Blog).
Otro interesante dato que merece ser citado en este relato, es la existencia de un apellido “Valderas” y su escudo heráldico, cuya descripción es la siguiente:
Valderas: Castellano de las montañas de León. De plata, un árbol de sinople con dos lobos de gules desollados y atados al tronco con cadenas, bordura de gules con ocho aspas de oro.

                                                                   Valderas

La forma redondeada de la base de este escudo nos remonta a una época muy antigua, y como podemos comprobar, lo realmente interesante son los lobos desollados y sangrantes atados al roble, que fueron añadidos a su escudo por los López de Haro a raíz de las Navas de Tolosa.
       También vemos las aspas de la toma de Baeza. Y para que no exista confusión, es importante decir que estos lobos sangrantes y encadenados al roble nada tienen en común con los lobos pasantes de los Osorio-Villalobos que vemos en el escudo del Arco de Santiago.
            El primer blasón de los Cabeza de Vaca fue el siguiente: En oro un estandarte de gules (rojo), acompañado de dos estrellas de lo mismo, una en Jefe y otra en punta. El que hoy podemos ver en Valderas timbrado con la cabeza del rumiante, que presentamos en la siguiente fotografía, tiene el escudo original en el cuartel superior izquierdo.


             Éste que tenemos en Valderas, al ser cuartelado (unión de familias), es traído del anterior original estandarte de oro y gules con una estrella en jefe y otra en punta. el cuartel superior izquierdo es el más importante, pues refleja la bandera y la estrella del primer estandarte. En el cuadrante izquierdo hay un castillo de Señorío. Abajo a la izquierda, aparece nuevamente la cabeza del rumiante.
             A la derecha tiene unas escobas, signo heráldico de la familia Escobar. El ajedrezado viene a resaltar el valor del soldado en la batalla.
Lo más importante a destacar es el timbre, como signo del apellido oriundo de Valderas, que como ya hemos demostrado, anuncia la participación de los valderenses en la gran cruzada de la cristiandad, la batalla de "Las Navas de Tolosa". 

jueves, 13 de febrero de 2014

Heroismo-El Gran Privilegio

             En la primavera del año 1387, el Rey de Portugal don Joao I -Gran Caballero de la Orden de Avis- y  el Duque de Lancaster, cercaron Valderas con 14.000 hombres armados.  Fieles a su legítimo rey Don Juan I de Castilla, ante tan poderoso enemigo, los valderenses se negaron rendirse, y para que nada pudiese sustentar al ejército invasor, cumpliendo la orden de "Tierra quemada" de S. M. el Rey,  389 hombres y mujeres valientes comandados por el Conde de Trastámara don Alvar Pérez de Osorio, se aprestaron a defender sus hogares, y como primera táctica defensiva destruyeron los víveres,  derramaron el vino en las bodegas. El día 9 del mes de mayo del año 1387, se defendieron con honor en una desigual lucha de David contra Goliat. En memorable y heroica hazaña, lograron humillar al Duque de Lancaster entregándole únicamente ruinas y destrucción, y ganaron así,  uno de los más grandes privilegios reales de los pueblos de España, concedido por S.M. el Rey don Juan I, que en un  Real documento suscrito por el notario Don Diego García de Valderas se anotaron los nombres de todos los valientes.

    Nunca olvidéis, valderenses,
cuando veáis las Arrejas
con puntas de hierro viejas,
que las subieron valientes.
    Y, que estando ahí presentes
entre bóvedas añejas,
han soportado sin quejas
el asedio de tus gentes.
      Son un altar permanente
que cuentan hazañas viejas
de tus bravos ascendientes.
     Bajo ellas pasó Lancaster,
humillado hasta las cejas:
¡Díselo a tus descendientes!


¡Arriba las Arrejas!

       ¡Arriba las Arrejas! ¡Vive el cielo!,
gritaron capitanes de Valderas,
¡Adelante Lancaster tus banderas!,
que las llamas han emprendido el vuelo.

      Dos reinos amenazan nuestro suelo,
a rendirnos conminan con quimeras,
¿Capitular? ¡Jamás! ¡A las hogueras!
 brava y dura respuesta al cruel duelo.

       ¡Oh muy noble y leal! ¡Nunca lo vieras!,
el honor te sumió en el desconsuelo,
muerte y fuego llevó calles enteras.

      ¡Arco de las Arrejas! ¡Vive el cielo!
¡Gloria los más bravos Capitanes!
¡Gloria los defensores de Valderas!

¡Jamás esas Arrejas en tu suelo!

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(Toda la información de esta guerra medieval, en el libro. "El Capitán Costilla".